El EEES tiene un propósito formativo loable: pretende transformar el actual sistema Universitario de enseñanza de conocimientos (cada vez con fechas de caducidad más cortas) en un modelo de aprendizaje actualizable y utilizable a lo largo de toda la vida. Desarrollar en nuestros alumnos la capacidad para adquirir y aplicar autónomamente conocimientos profesionales será mucho más importante y útil para ellos que persistir en la memorización de información actualmente imperante. Este es un cambio radical del enfoque educativo universitario que merece el respaldo de todos los profesores con mentalidad moderna pero su implementación exitosa requiere enérgicas acciones institucionales.
En este modelo de aprendizaje utilizable y actualizable a lo largo de toda la vida nuestro papel como profesores no será sólo proporcionar a nuestros alumnos una sólida base de conocimientos (como hasta ahora hacemos). Deberemos además enseñarles a aplicar profesionalmente lo que han aprendido, proporcionarles una formación en competencias profesionales, y lo que es incluso más importante enseñarles a aprender por sí mismos para que tras titularse puedan mantener su aprendizaje permanente.
El problema es que los profesores universitarios españoles no hemos sido formados ni entrenados en las metodologías didácticas que propician estos objetivos. ¿Se nos va a exigir algo para lo que no hemos sido preparados o alternativamente se va hacer un paripé de adaptación sobre el papel haciendo la vista gorda sobre lo que ocurre o deja de ocurrir en las aulas universitarias españolas? La primera opción es inviable y la segunda sencillamente indecente. Existe otra tercera opción que es esforzarse extraordinariamente en la formación pedagógica de nuestro profesorado. Lamentablemente, si juzgamos a nuestros dirigentes académicos por sus actos y no por sus buenas palabras, no nos será difícil intuir cuál es su elección, una florentina combinación de las opciones uno y dos, aderezada con un poquito de la opción tres para guardar las buenas apariencias.
La implantación del sistema europeo de créditos (ECTS), no puede consistir en una simple operación cosmética, que maquillé lo actual. Tampoco puede ser encomendada a un profesorado carente de la preparación didáctica necesaria. En ambos casos fracasaremos en nuestro propósito de mejorar significativamente la calidad de la educación universitaria en España y habremos perdido una oportunidad histórica para hacerlo. El éxito de la adaptación al EEES requiere un cambio en profundidad en las actividades formativas universitarias que no será posible sin un profesorado universitario mentalizado, formado, capacitado y motivado para una actividad docente muy distinta a la actual y que amplia cualitativa y cuantitativamente nuestro marco competencial como profesores. Tenemos que optar por la opción tres: formar a nuestro profesorado antes de que se nos acabe el tiempo.

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